Persona, personalidad.
Loca arrepentida, pero con su esencia, conciencia, acorazada, barderita, humor algo ácido (depende de quién lo mire) pero muy tierna, y sensible.
Patetismo en su máxima pureza, cuando esas mañanas rutinarias y esas sofocantes soledades circundaban su mente. Tan cuadrada y organizada como un archivero viejo.
Hasta en sus días más agitados y sus más grandes creaciones esa idea estaba pegada a ella. Era prácticamente un apéndice.
El aburrimiento era tal que se sentía desfallecer. No saber qué hacer, sabiendo que tenia cosas que hacer la agotaban.
Vivir rápido, morir joven y dejar un bello cadáver… esa frase que parecía acertada en algún tiempo. Era inconcebible pensar semejante filosofía de vida. Era nada más que algún recuerdo absurdo y vergonzoso del ayer. Melancólico.
Ya no podía ni siquiera darse el lujo de morir y nada más. Era mucho más complicado…Tampoco quería hacerlo. No era más que un pensamiento gracioso (e irónico) que tenía de vez en cuando.
Ya no es la misma fragancia. Esa dulzona y fresca a vainilla. Igual nunca le importaron esas cosas tan banales. Siempre fue admirado ese “qué, que no se qué” que desprendía su sonrisa y sus ocasionales hoyuelos en las mejillas. Sus pómulos y sus ojos profundos, también sonreían.
Ya no son tan explícitos esos sentimientos de fascinación, cariño o incluso asco. Ya aprendió a controlar sus facciones redondas. No cambió…simplemente evolucionó.
No tenía tiempo de ser lo que parecía, simplemente eligió ser lo que es… (Loca arrepentida, pero con su esencia, conciencia, acorazada, barderita, humor algo acido, pero muy tierna, y sensible…)
Ella siempre pensó que no necesitaba a nadie, pero tan amargo fue su trecho que aprendió a amar con mucha fuerza (cuando comprendió lo que realmente es el amor).
Ahí es cuando alguien notaba toda la sencillez de su existencia, cuando quedaba al descubierto.
El humor era parte importante de su “yo”, era lo que compraba su simpatía, y principalmente su arma anti-todo. Era un poco dura, pero nunca sobrepasaba los límites. Después de la subida máxima, bajaba lentamente a la dulzura.
Atrevida y cautelosa.
Dejaba rienda suelta a sus pensamientos, sin importar la oscuridad que incomodaba a la mayoría.
Detallista, mucho… muy.
Era capaz, de notar ese pequeño desliz. Esas cosas pasadas por alto, que, al fin y al cabo, son la existencia misma.
Inteligente y realista.
Bordeaba el pesimismo y en puntas de pie, casi llegaba al cielo de la esperanza. Tanto como para pensar en terminar sus días sola. Tan poco como para saber que sus posibilidades eran infinitas.
Era…Tanto. Una persona y una energía. Un sentimiento y una materia. Un espacio ocupado que nadie más podía utilizar. Era una y eran dos. Siete chakras, un alma, un cuerpo transformado por la vida misma, un animal, un pensamiento, un estorbo, un hombro, y la soledad.
ERA…Es.
Felicidad, melancolía de lo que no fue.
Nadie más que ella.
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